EL CHILE DE HOY Y LAS PERSPECTIVAS A CORTO PLAZO
Héctor Benavides
Este artículo fue publicado en la revista Pensamiento Socialista en
el número 15-16 de Julio a Octubre de 1979. Esa revista se escribía
a máquina y se reproducía en fotocopias. Sus editores eran los
compañeros Oscar Waiss y Enrique Sepúlveda.
El artículo apareció con la firma de Héctor Benavides que fue
el pseudónimo que usé durante el exilio.
El compañero José Balaguer me envió el ejemplar escaneado y he tratado
de subir la imagen original de Pensamiento Socialista al blog .El texto está reproducido fielmente.
España, Irán ,Nicaragua …las alternativas permanecen abiertas en el proceso chileno. La imagen de las dictaduras caídas o por caer pesan seriamente sobre los militares y los
capitalistas chilenos, pero pesan también sobre los socialistas y sobre todas las fuerzas populares de nuestro país.
Cuando ha habido disidencias entre los militares, Pinochet ha sabido recordarles que sin él vendrá el diluvio, y la amenaza del diluvio ha sido suficiente para mantener al Alto Mando agrupado en su entorno. Los capitalistas-tanto los grandes como los chicos-están cansados con el gobierno militar. El problema es que no encuentran como deshacerse de él…sin que vuelva el antiguo “desorden”.
El modelo económico ultraliberal ha topado fondo y se encuentra amenazado por la perspectiva de una recesión a escala mundial. La economía chilena, más dependiente que nunca de su comercio y mercados externos de productos primarios o agrícolas suntuarios(de los que primero se puede prescindir) es tan vulnerable a una crisis externa que el fantasma de los años 30 ronda en las mentes de los líderes políticos del golpe del 11 de Septiembre. Así Pablo Rodríguez escribe :” La actual política económica ha dado todos sus frutos socialmente tolerables; de insistirse en su aplicación no sólo se desmonorará lo conquistado, sino que se desnaturalizará la libre empresa y la iniciativa privada….Presenciaremos entonces, a corto o largo plazo, el más estrepitoso de los fracasos, y los ideales del 11 de Septiembre se derrumbarán irremediablemente….”.
Tanto en los altos mando militares como en los círculos dirigentes de la burguesía se busca afanosamente una solución que compatibilice los tres aspectos conflictivos del momento: a) El control político del proceso. b) El cambio de imagen de la dictadura (que solo puede lograrse con la salida de Pinochet) y c) La adecuación del modelo económico a las tempestades que se aproximan.
Estos son los problemas que los detentores del poder político y económico enfrentan en nuestro país. Pero SUS problemas son también los problemas del movimiento popular, que tiene que elaborar proyectos alternativos propios y ganar para ellos a la gran masa de la población.
Se presienten los cambios
El país se ha ido polarizando. Por un lado la gente que gana dinero con la dictadura, que puede disfrutar de los bienes importados, que especula y acumula riqueza. Por otro lado la gran mayoría que se empobrece, que se desespera y vive en un submundo de privaciones y miseria. Muchos síntomas indican que se acerca un nuevo reajuste de la dictadura. La proximidad de un cambio se capta en el aire chileno; la gente discute, cuestiona y analiza intensamente, pero ahora lo hace en un nuevo estilo. Se usan las esquinas, los lugares de trabajo y reuniones semi-legales que se realizan bajo cualquier pretexto. Las reuniones son tantas y tan variadas que, a pesar de que en cada una de ellas asiste por lo menos un informante de la dictadura, la capacidad de reacción de los aparatos policiales se encuentra copada. La ley “antiterrorista” es el último esfuerzo por
“aterrorizar” al pueblo sin recurrir a la represión desatada y sangrienta de los primeros años.
El control político se hace más difícil a medida que aumenta la efervescencia entre los trabajadores y las capas medias-cuando los estudiantes se han incorporado a la lucha crecientemente y cuando la lucha , a escala nacional e internacional, ha impuesto el derecho a negociación colectiva y , aunque en forma muy limitada, el derecho a huelga. Se sabe que habrá cambios, pero lo que se ignora es hacia donde irán.El reajuste puede conducir a un nuevo período de consolidación y “estabilidad” relativa del gobierno militar, como ocurrió en Brasil en 1969, postergando así la solución política de fondo por un nuevo e indefinido período bien , el nuevo esquema puede conducir a un derrumbe de la dictadura y al colapso de sus esquemas de dominación de clase.
¿Socialismo o Fascismo?
El dilema que enfrentamos los socialistas revolucionarios en Chile tiene mucho en común con el dilema clásico que han discutido los marxistas en diferentes países y épocas cuando han enfrentado a una dictadura.¿Se debe limitar la lucha en su primera etapa sólo a derribar la dictadura?.¿Se debe hacer un frente tan amplio que englobe a todos los sectores que , en cualquier momento, estén dispuestos a luchar por restablecer la democracia burguesa?¿Conducirá esa primera etapa, paulatinamente, a otra etapa en que una nueva correlación de fuerzas permitirá pasar a la lucha por el socialismo?. ¿Hay posibilidades que esa segunda etapa sea pacífica y que el poder sea alcanzado sin lucha armada?
Es un hecho que-nos agrade o no-que el gobierno de la UP., el golpe militar reaccionario del 11 de Septiembre y los seis años de dictadura militar arrojan diferentes enseñanzas para los distintos partidos, grupos y tendencias en que se divide el movimiento popular chileno. No vamos a alcanzar la unanimidad y sólo podemos pretender que nuestros esfuerzos se aúnen en el derrocamiento de la dictadura. Serán las masas trabajadoras las que en último términos decidirán el camino a seguir y las que señalarán al partido de vanguardia del proceso. Los socialistas revolucionarios debemos tener claro que no podemos en forma inmediata poner a las masas ante el dilema “fascismo o socialismo”; o resucitar fórmulas voluntaristas como : “socialismo cueste lo que cueste”.
La experiencia indica que palucha de clases madura en forma compleja y sólo mediante un sostenido esfuerzo de su vanguardia. La gente sabe bien los que es la dictadura y lo que es el fascismo. Pero no sabe aún lo que es el socialismo.
No lo sabe, en primer lugar, porque las ideas no están claras para nosotros los socialistas quienes aun no hemos elaborado un programa que explique a las masas las formas concretas que el socialismo adoptará en nuestro país. No lo sabe , en segundo lugar, porque la experiencia del Gobierno UP, positiva en muchos sentidos, también fue negativa en otros. Si por socialismo la gente va a entender la estatización de las empresas-lisa y llanamente-incorporándolas a un aparato estatal incapaz de administrar la economía, es muy probable que el dilema socialismo-fascismo favorezca a la reacción y a los militares pinochetistas. En tercer lugar y aunque nos duela reconocerlo, el modelo de socialismo existente en los países europeos y asiáticos, no sirve de estímulo a grandes sectores populares latinoamericanos. Por el contrario, las violaciones a los derechos de los trabajadores, las persecuciones a los disidentes políticos, los conflictos incluso armados entre países que dicen tener el mismo sistema social, alejan de ese modelo a importantes sectores sociales .
El pueblo intuye que “el socialismo” y “el bienestar para todos” requieren el aporte de una economía con elevado nivel de eficiencia y productividad. Si se establece un sistema económico ineficiente, este destruye a corto plazo al socialismo que el proceso revolucionario puede implantar. Y esto conduce, inevitablemente, o a la derrota de la revolución, o a la implantación de dictaduras burocráticas. Lo que nuestro país ha sufrido y aun tiene que sufrir para deshacerse de la dictadura fascista, indica que ambas alternativas serán repudiadas por los trabajadores mientras no vean un programa claro y coherente frente a sus ojos.
Y al argumento que con tal de tomrse el poder, de terminar la explotación y la miseria , los trabajadores no se fijan en detalles, debemos contestar que aunque así fuera , la lucha por el socialismo no sólo debe ser la meta anhelada por socialistas y comunistas o por la clase obrera , sino que debe serlo por la gran mayoría de la población.
Nuestra tarea principal-si queremos realmente el socialismo para Chile y para Latinoamérica-es ganar a la gran mayoría de la población para un programa de corto plazo que a la vez derroque a la dictadura, contemple las reivindicaciones más sentidas por las masas y establezca un poder popular que garantice el cumplimiento de lo que los trabajadores dispongan.
Los socialistas revolucionarios creemos que ese programa puede elaborarse e impulsarse. La dictadura está corroída por profundas contradicciones internas y el ascenso de las luchas de masas a nivel nacional y continental hace factible la derrota del fascismo y el triunfo de un programa revolucionario en un plazo más o menos corto. Pero las fechas no están aún escritas: Tenemos que escribirlas nosotros mismos.
La corriente derrotista y a donde conduce
El problema militar se ha convertido nuevamente-como lo fue durante los años del gobierno popular- en el nudo central del proceso chileno. El hecho que nuevamente se esté poniendo a la orden del día se debe precisamente a que las masas populares están en movimiento. Eso independientemente del hecho de que no se haya acumulado la fuerza necesaria para imponer cambios. Lo importante es que ya se han creado las condiciones para esa acumulación. Lo serio a esta altura del proceso, es que las organizaciones políticas aparecen retrasadas y sin saber como impulsar esta acumulación y los cambios futuros.
Es un hecho que existe una corriente derrotista en el seno de los partidos populares.Esa corriente considera que la derrota del 73 fue tan profunda que el movimiento popular sólo podrá recuperarse después de un largo proceso. Su capacidad de enfrentar la dictadura es muy reducida y debe limitarse a aceptar lo que se le ofrezca y cuando se le ofrezca.
Es este sector derrotista e inmediatista el que impulsa un regreso negociado de los militares a sus cuarteles:”Cuanto antes mejor”.Lo que cabe preguntarse es que piensan negociar y con quien…La lógica de una negociación con los militares-cualquiera que sean los intermediarios-indica que si no se les pueden imponer condiciones ( y en ese caso no habría que negociar),la única negociación es aceptar sus condiciones. Los militares pinochetistas no se han preocupado aun por exponer condiciones, pero ellas pueden deducirse de los proyectos de institucionalización en curso y de algunos discursos de Pinochet. Esas condiciones pueden sintetizarse en tres grandes rubros:
1.-. Establecimiento en forma irreversible de un régimen capitalista ultra liberal, que hasta el momento se identifica con el modelo económico llamado de “Chicago”.
2.-Inmunidad total para las personas y bienes, refiriéndose esto a lo actuado y adquirido desde el golpe hacia delante, al margen de toda legalidad, y
3.- La fuerza Armada deberá seguir controlando la represión política y se reserva la posibilidad de volver a actuar “constitucionalmente” si el proceso, a su juicio, así loo requiriera.
Estas condiciones pueden darse por “satisfactoriamente” cumplidas si las establece un orden constitucional y jurídico que reciba una legitimación nacional e internacional Si esa legitimación no se logra, entonces las mismas condiciones podrían cumplirse alargando la dictadura por un plazo indefinido o por un periodo suficientemente largo como para que se de una solución “ a la española” . Es decir, basada en el olvido de lo ocurrido en los años de “guerra” y la aceptación de los hechos consumados: borrón y cuenta nueva.
Resulta así que el único poder negociador de la corriente derrotista, en la actualidad, es ofrecer cierto grado de legitimación al gobierno que suceda a Pinochet. Y con esto dar paso a la dictadura legal que reemplazaría a la abiertamente ilegal.
Lo importante para los revolucionarios es saber si este tipo de negociación ayudará al desarrollo del proceso o lo estancará por un período prolongado.
Una situación diferente
El sistema liberal democrático que predominó en nuestro país por casi 50 años antes del golpe dio de si casi todo lo que este tipo de sistema puede ofrecer a una nación subdesarrollada. Quienes proponen regresar a este marco institucional y tiene en mente las “democracias” europeas, olvidan que nuestros niveles de ingreso son entre 4 y 10 veces menores que los de esos países y que las sociedades y sus instituciones están determinadas por realidades económicas. Pero, además-como no dejan de señalarlo los personeros de la dictadura-existe un enorme cansancio en la mayoría de la población por el régimen antiguo, que si bien ofrecía garantías democráticas implicaba un desgaste de energía en burocracia parasitaria, negociados, politiquería, desorden económico y administrativo.
Quienes proponen volver a lo antiguo . #borrón y cuenta nueva” olvidan que las masas han sufrido mucho en estos años y que no desean volver a lo antiguo y recomenzar el viejo ciclo de aceptar la miseria, pero con el derecho a votar cada cuatro o seis años.
El proyecto militar oligárquico presenta puntos débiles en sus dos alternativas. El más notorio de esos puntos vulnerables radica en que todo orden constitucional debe ser respaldado por movimientos o partidos políticos que cuenten con el apoyo de las masas. Sin ese respaldo político cualquiera que se la institucionalidad escrita, apenas se afloja la represión el movimiento popular se transforma en algo incontenible y difícil de controlar.
La otra alternativa-la dictadura de largo plazo-que es la preferida por Pinochet , tiene serias consecuencias en el terreno económico. Un modelo que pretende basarse en las ventajas comparativas de Chile para competir en el mercado internacional, debe forzosamente tratar de deshacerse del handicap que representa la dictadura pinochetista
Los países capitalistas desarrollados no aceptan la competencia en el campo de la industria manufacturera con países que no permiten la actividad sindical, que mantiene bajos salario a base de una represión permanente, aun cuando esto permita utilidades marginales a las multinacionales y a los exportadores de armas .Excepcionalmente pueden aceptar esa competencia en materias primas o recursos naturales escasos. Los ejemplos de la amenaza de boicot de principios de este año y el largo conflicto legal con USA en torno al asesinato de Letelier, han demostrado la fragilidad de las actividades económicas vinculadas a la Junta y a Pinochet (pérdida de exportaciones de frutas, quiebras de industrias y financieras, etc.).
Es cierto que estos argumentos desaparecen si Pinochet, en su enorme ansia de poder y
Consciente de la incompatibilidad del modelo económico actual con una dictadura prolongada, decide echar por la borda aunque tardíamente , ese modelo económico y virar a un esquema proteccionista. Pero esa posibilidad-que no hay por que descartarla-crearía condiciones que van más allá de este análisis.
Tomar en cuenta los cambios
Si se analiza la situación política del continente puede apreciarse una declinación del fascismo y un deterioro de los gobiernos ultraderechistas que predominaron al principio de la década. Es difícil dar una explicación global al fenómeno y solo puede entenderse
Estudiando la situación de cada país. Sin embargo el factor que parece más importante en la actitud de EE.UU. es su negativa experiencia en Irán, Nicaragua y otros países. Esa experiencia que aparece compartida por algunas empresas multinacionales ,les indica que deben terminar las dictaduras en períodos cortos a objeto de sortear la dificultad de conseguir fórmulas de recambio para regímenes represores prolongados.
Se basa también en la creciente comprobación de que son las dictaduras cortas las que les resultan más eficaces en cuanto a disminuir el riesgo de corrupción de las Fuerzas Armadas comprometidas en gobiernos dictatoriales. La participación prolongada de los militares en labores políticas termina por dividirlos y le hace perder el carácter de fuerzas de reserva que el régimen les destina.
Los años de dictadura militar han producido numerosos cambios en nuestro país, que obligan a reevaluar posiciones y a elaborar una nueva estrategia. Quienes siguen pegados a modelos y esquemas dogmáticos están condenados al viejo orden y a bloquear los cambios.
Durante los años de la dictadura la estructura socio-económica de Chile ha sufrido algunas modificaciones importantes , amén de muchos otros cambios de menor dimensión, que no mencionaremos:
1.-Se ha empobrecido a una gran masa de la población que alcanza desde los sectores medios hacia abajo ( sin que pueda decirse que se haya producido una “proletarización”
de los sectores empobrecidos).
2.-Se ha producido una emigración de la ciudad hacia el campo, donde se han incorporado trabajadores urbanos con cierta experiencia sindical y política, aunque mayormente como allegados o afuerinos.
3.-La actividad económica se ha concentrado en unos pocos grupos muy poderosos, favoreciéndose al capital especulativo y financiero. El país se ha hecho cada vez más dependiente de su comercio exterior y vulnerable a las crisis externas del sistema.
4.- Se ha destruido prácticamente la industria nacional especialmente aquellas ramas que tenían una mayor importancia tecnológica y perspectivas de desarrolloy, como consecuencia de este punto
5.-Se ha producido una disminución relativa y absoluta del proletariado industrial. Fuentes sindicales estiman que el proletariado industrial hay quedado reducido a poco más de 200.000, de 420.000 que era la estimación en 1973.
6.- Como resultado de la persecución política-sindical y de la actitud solidaria y en defgensa de los derechos humanos de un sector importante de la Iglesia Católica , su presencia e influencia entre la masa trabajadora se ha desarrollado grandemente.La influencia de la Iglesioa es capitalizada preferentemente por la democracia cristiana que ha sido perseguida muy superficialmente por la dictadura.
Ampliación de la lucha
A la luz de estos cambios vemos que si bien el gran capital es más vulnerable y ha perdido base social de apoyo, también resulta que el proletariado industrial está debilitado en cantidad y calidad. Su rol de vanguardia, como clase, puede ser ejercido sólo en la medida en que logre estructurar en su torno un bloque que incluya a los demás sectores empobrecidos de la población.
Puede argumentarse que esto fue siempre así y que nunca la táctica revolucionaria ha sido el aislamiento de la clase obrera en sus luchas. Sin embargo hay que tener presente
que la aparición de un movimiento de lucha espontáneo en el seno de la clase obrera es la condición indispensable para iniciar un proceso revolucionario. La lucha de la clase obrera debe traspasarse al resto de la masa trabajadora y a los demás sectores populares. El vínculo básico para ello es el trabajo de la vanguardia política. Es ella la que mediante la elevación del nivel político de la masa trabajadora, su organización y preparación revolucionaria harán posible la propagación en cadena de la lucha obrera a la gran masa de la población.
Si el núcleo proletario de una sociedad se encuentra debilitado, mayor es la dependencia del proceso revolucionario de la experiencia de partidos de masa, que inyecten el impulso a las más amplias capas de la población.
Esto lo tienen perfectamente en claro los estrategas de la dictadura y de la CIA. Por eso para ellos el proceso chileno está actualmente centrado en decidir si esos partidos políticos van a existir, si serán la continuación de los existentes o si puede irse a un esquema “oposición-gobierno”, dentro de los marcos burgueses, que es lo intentado en Brasil durante una década.
Dadas las características del PS chileno, su gran penetración en la masa, su carácter nacional y popular, su existencia como partido independiente y revolucionario, es del más grave riesgo para todo esquema de estabilidad institucional reaccionaria.
La división del PS, su atomización en diversas corrientes, grupos y subgrupos ha sido un objetivo prioritario de la DINA , de la CIA y del gobierno militar.
No hay que ir muy lejos, entonces, para encontrar las razones de la actual división en nuestro partido, de la forma como la dictadura ha manipulado la información y sus cuidadosas reacciones al respecto.
La dispersión de las fuerzas revolucionarias e impedir la aparición de un polo político que atraiga las masas populares, no solo ha sido la voluntad de la dictadura, sino que evidentemente ha sido uno de los objetivos básicos de la democracia cristiana. Aparentemente la división del socialismo ha sido uno de los prerrequisitos para cualquier “negociación” con la dictadura.
Los acontecimientos dirán a muy corto plazo si la división del socialismo hay sido condición suficiente para las negociaciones.
Pero el futuro próximo también puede depararnos la sorpresa de que el movimiento popular rompa los esquemas de los negociadores e impulse las luchas por vías absolutamente distintas.


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