domingo, 24 de abril de 2011

El proceso chileno , su transición y la represión Enero de 1975

TRANSICIÓN Y REPRESIÓN
¿Qué sucede cuando en un país capitalista y poco desarrolla­do se suspenden las medidas represivas del estado burgués?.
La respuesta a esta pregunta, es uno de los aspectos más interesantes del proceso ocurrido en Chile durante los tres años del gobierno de la Unidad Popular y el Presidente Allende.
Es en relación a esta pregunta que se analizarán algunas experiencias ocurridas durante ese período y se tratará de lle­gar a conclusiones, que, aunque no resulten novedosas, pueden ser de utilidad para el movimiento obrero y sus futuras luchas.
Si bien no está claro que en Chile se inició un real pro­ceso de tránsito al socialismo, ya que la clase trabajadora nunca dispuso del poder para modificar la sociedad capitalista, puede decirse con certeza que en Chile dejó de funcionar la dictadura burguesa al faltarle la principal herramienta represi­va: el poder ejecutivo, que es a la postre, el encargado de apli­car materialmente las disposiciones legales, administrativas, ju­diciales y policiales que dan forma a la represión del estado burgués.
Durante cierto período, tal vez de dos años, en Chile no hu­bo dictadura de la burguesía, pero tampoco se implantó un poder popular, ni una dictadura del proletariado. Se produjo entonces un interregno casi único en la historia de las luchas sociales, un período en que las clases sociales actuaron con un grado de libertad y espontaneidad raras veces conocido en la época capi­talista.
La Burguesía chilena, desplazada del gobierno y de los más importantes cargos de la administración pública, vio como esca­paban a su control los instrumentos clásicos de enriquecimiento: el sistema bancario, Ias empresas industriales monopolistas, el comercio exterior y la distribución de los artículos de consumo popular y reaccionó como si en realidad el país estuviera frente a un tránsito acelerado al socialismo.
La burguesía cambió sus hábitos políticos: una pequeña par­te emigró al exterior, otra parte abandonó paulatinamente la legalidad y se dedicó a organizar el sabotaje y la conspiración armada. Otro sector, tal vez el más lúcido, comprendió que el gobierno de Allende era transitorio y trató de ganar tiempo, de adaptarse a las nuevas reglas del juego subsistiendo con sus em­presas a cualquier precio, esperando el cambio de régimen.
La clase obrera urbana recibe un gran impacto derivado del proceso político. También sufrió el gran espejismo de estar an­te un real proceso de tránsito al socialismo, también creyó dis­frutar de la casi totalidad del poder y reaccionó como si real­mente ejerciera ese poder. | Y cómo no ceder ante el espejismo! ¿ acaso no veía a los patrones atemorizados adentro y afuera de las fábricas? ¿no estaban las puertas abiertas en toda oficina pública a que concurría una delegación sindical y los funciona­rios corriendo para atender sus peticiones? y ¿quién podía resis­tir la ilusión de las gigantescas manifestaciones populares-pacíficas y disciplinadas- que no eran ni vigiladas ni contenidas por ninguna fuerza policial?.
En cuanto a la pequeña burguesía- en su amplia gama de capas y sectores- reaccionó en la forma clásica; un sector pequeño buscó colaborar con el gobierno y la gran mayoría, permaneció neutral. Después, a medida que el proceso avanzó no pudiendo el gobierno mantener el control y la autoridad, las capas medias se van volcando mayoritariamente contra él, van aceptando el liderazgo de la burguesía y terminan transformándose en los sectores más antagónicos y militantes contra el gobierno»
A este cuadro de las «clases sociales urbanas, habría que agregar el de los partidos políticos que las representaron y que vivieron también un período de absoluta libertad, y dándose en ellos las más variadas tendencias y matices. Sin embargo, lo que aquí interesa destacar, no es la reacción de todas las clanes sociales y de todos los partidos políticos, sino solamente el efecto que éste singular período libertario tuvo sobre la clase obrera ur­bana y de su relación con los partidos obreros mayoritarios que la representaron y dirigieron durante ese período (el PC. y el PS.).

Libertad y participación.-
Como resultado del interregno de poder, los trabajadores disfrutaron además de las libertades democráticas tradicionales, de las siguientes garantías y derechos:
A)   Libres del temor
Por primera vez y por un período prolongado el pueblo chileno
vivió libre de temor.  Ni en las poblaciones, ni en los sindicatos, ni en las organizaciones políticas, existía sistema represivo al­guno, la policía civil  (y la policía política que forma parte de ella) estuvo dirigida por un primer jefe socialista y un segundo jefe comunista dejando de ejercer la represión política» La in­filtración y el soplonaje que son tareas habituales de las poli­cías de loe países capitalistas, dejaron de ser labores merito­rias en los cuerpos policiales chilenos. Los pobladores, por primera vez,  podían dormir tranquilos ya que ninguna fuerza po­licial podía (o tenía interés) sacarlos de sus casas de día o de noche; nadie podía golpearlos o maltratarlos impunemente y cuando un hecho de este tipo ocurrió, (Población Lo Hermida) costó los cargos tanto del primero como del segundo jefe de la policía.Los trabajadores pudieron así no sólo actuar con absoluta libertad, sino que también libres de temor.

B) Libertad de Organización.     
Casi corno una consecuencia de lo anterior, puede decirse
 que en Chile rigió la más amplia oportunidad para organizarse polí­ticamente
 y para expresar las ideas, oralmente o por escrito.
Cualquier grupo de personas podía reunirse en el interior de las empresas, en sus locales sociales, en los casinos, en los sindi­catos, en los clubes, o en las casas particulares para discutir cualquier cosa.
Las organizaciones políticas, incluso las más
pequeñas, editaban periódicos y revistas o bien, encontraban la forma en que sus ideas se difundieran en alguna publicación vin­culada al gobierno. La editorial del estado, dirigida con crite­rio amplio, editó gran cantidad de libros y folletos de todas las tendencias que se vendieron en las industrias a precios muy bajos. Demás está decir que las mismas garantías y derechos eran ejercidos por los opositores y reaccionarios que prepararon el golpe.

C)        Propiedad absoluta del empleo.-
 Si bien las leyes de inamovilidad tuvieron su origen en los gobiernos anteriores, esas le­yes permitían, mediante un pago relativamente pequeño, despedir a cualquier trabajador. Sólo a partir del gobierno de la UP. se produce en la práctica la propiedad absoluta del empleo, ningún patrón  se atreve más a despedir arbitrariamente a un trabajador ya que el conflicto que de ello se derivaba, conducía inevitable­mente a la requisición de la industria y a su incorporación al área social, Los trabajadores de las empresas estatales o en vías de estatización, gozaban de la más absoluta inamovilidad como un asunto de principio. La expansión económica, las obras públicas y los planes de construcción popular, disminuyeron drásticamente la cesantía y ya a partir de 1972, se produjo una sostenida situación de empleo pleno que influyó poderosamente en la actuación de la clase trabajadora.

D)   Participación
 La participación de los trabajadores en la di­rección de la economía, se inició tímidamente con la constitución de los consejos de administración en las empresas estatizadas y en la aplicación de principios de co-gestión gobierno-trabajadores para su manejo. Sólo algunas empresas, muy pocas, se incorporaros de hecho al sistema de autogestión. En todas las otras, el ejecu­tivo principal era designado por el gobierno y éste se reservaba el derecho a decisión (o veto) en los aumentos generales de sala­rios, en la fijación de los precios de venta y en el plan anual de producción (que incluía las nuevas inversiones, los créditos, etc.) Sin embargo, en la práctica, los trabajadores fueron presionando por la vía de los hechos e imponiendo su criterio incluso en esas materias, removiendo a los gerentes y  presidentes, ocupando las em­presas para conseguir aumentos o impedir fusiones o traslados de las plantas, obteniendo asignaciones de materias primas por encima de las cuotas, o bien, obteniendo la asignación de contratos u ór­denes de compra que les aseguraran la plena ocupación de la capa­cidad instalada de la industria.
      La participación ascendió en el último año por una doble vía; la burocrática   
      y administrativa, a través de los Consejos Secto­riales de cada rama industrial, en el Consejo de la Corporación de Fomento y de los asesores laborales de los distintos ministerios, pero se amplió también, por la vía de los organismos de ma­sas que fueron estructurando la participación a nivel de poblacio­nes, de barrios, de distribución de alimentos (JAP) y de los  cordones industriales.
A estos derechos básicos de que disfrutaron los trabajadores hay que agregar la posibilidad de que disfrutaron los ciudadanos extranjeros a participar activamente en el proceso chileno. Los extranjeros pudieron ocupar, sin limitaciones, los cargos públi­cos, las funciones dé interventores de empresas o de jefes secto­riales en la industria, pudieron asesorar los ministerios y orga­nismos autónomos del estado, pudieron militar y ser dirigentes en los partidos políticos populares.
Situación dual.- Se ha hecho esta reseña de los derechos y liber­tades populares para establecer el contexto general en que pudo desenvolverse la clase trabajadora, sin embargo, es necesario señalar que si bien las  clases sociales urbanas estaban convencidas de que se vivía un auténtico proceso de transición al socialismo, en la realidad, se vivía una situación dual. En el interior de las fábricas estatizadas regían los planes del gobierno y la democracia de las asambleas ,produciéndose para sa­tisfacer las necesidades del pueblo y el dinero empezaba a no te­ner valor. Si la fábrica tenía déficit (o pérdidas), se opinaba que éste se debía a causas ajenas a la empresa y otras autoridades superiores debían asumir la responsabilidad por ellas. Saliendo fuera de los muros de las fábricas el dinero volvía a ser casi todo. Los productos que escaseaban y que no se podían obtener en los economatos o en los negocios estatales, se vendían a precios altísimos. Además, si una industria producía un bien de consumo, por ejemplo textiles, y los obreros de esa fábrica tenían el de­recho ya adquirido en sus contratos de comprar una cuota de esos  productos a precio oficial, se encontraban con que esa mercadería valía afuera cinco o diez veces más y que su sola venta les repor­taría más de un mes completo de salario.
Se daba el caso que si un buen obrero especializado pedía licencia por una semana y dedicaba su tiempo a hacer colas, la cola del lienzo para las sábanas, la cola de los pollos, etc. ganaba en la reventa de esos productos varias veces el salario perdido.
Los trabajadores eran así solicitados por dos realidades dis­tintas y por altas que tuvieran sus conciencias políticas y de cla­se, esas realidades hacían crisis en el seno de sus hogares en los cuales se apreciaba la diferencia de ingresos entre aquellos que se mantenían fieles a las normas  "socialistas" y aquellos que ce­dían a las normas "capitalistas".
Esta dualidad se mantuvo durante todo el proceso y es impo­sible analizar lo que sigue sin tener presente esa caracterís­tica esencial de la experiencia chilena.
Régimen de dos partidos.- La Unidad Popular fue más que nada una alianza electoral y no un mecanismo de gobierno. Por eso, lo que principalmente rigió en el seno de la clase obrera, fue la alianza P.C-P.S.  Si bien estos dos partidos tenían una estructura distinta, principios orgánicos y políticos diferentes, llegaron a alcanzar una influencia muy pareja entre los trabajadores y puede decirse que a partir de las elecciones del Consejo Directivo de la CUT, en Marzo de 1972, hasta el fin del gobierno de la UP, en Septiembre de 1973» los problemas básicos de los trabajadores se resolvieron por acuerdos entre la cúspide comunista y la cúspide socialista.
Aun cuando los problemas se arreglaban entre ambas jerar­quías superiores, por abajo se desarrollaba una guerra sor­da entre los militantes de ambos partidos. Los conflictos esta­llaron en un comienzo por el control de los cargos más importantes en el seno del gobierno, siguieron después por el control de las gerencias y administraciones en las grandes empresas del estado, continuaron por los cargos de interventores en las indus­trias que se estatizaban y siguieron con las empresas medianas y pequeñas que se iban requisando. Guando una empresa se "asignaba" a un partido (o sea, el administrador que se designaba era militante del P.C. o del P.S.), la lucha continuaba en el interior
de la industria por el reparto del resto del organigrama, o sea, por como mantener u obtener áreas de influencia en la industria. A veces este reparto o "cuoteo" como se le llamaba llegaba hasta extremos ridículos y se disputaban cargos de bodeguero, de portero, etc. y siempre buscando argumentos políticos para justi­ficar las asignaciones. A principios de 1972 y como una forma de regular ésta situación, el Partido Comunista y el Partido Socialista, llegaron a un acuerdo general: si en una empresa el adminis­trador era de uno de esos partidos, el segundo más alto ejecuti­vo sería del otro partido, y en principio, esos serían los únicos cargos "políticos" de las empresas, es decir, designados por el gobierno. Los demás cargos serían técnicos y sólo deberían con­tar con la confianza del Consejo de Administración de la indus­tria. Este acuerdo puso algún orden en las empresas e institu­ciones, coincidiendo con el creciente agotamiento de los cuadros técnico-políticos de ambos partidos. En repetidas ocasiones una empresa no podía requisarse porque el partido al que se le adju­dicaba la administración no disponía de ningún militante idóneo para asumir la intervención (idóneo en el sentido político , pues la idoneidad técnica prácticamente no existió nunca: La izquierda chilena carecía, casi totalmente, de militantes con experiencia industrial o empresarial).
Bajo el régimen de co-administración socialista-comunista, las empresas vivieron una serie de fenómenos dignos de destacarse. Desde luego, en las empresas se efectuaban periódicamente asam­bleas, elecciones sindicales, votaciones para los pliegos de peti­ciones, etc. 0 sea, la actuación de los directivos de la empresa estaba permanentemente sujeta a una evaluación cuantitativa, según fuera la votación obtenida por cada partido.
La tónica predominante en esas votaciones consistía en que el partido que ejercía la administración (el cargo más importan­te en la línea ejecutiva, sea el gerente, el administrador, inter­ventor o Presidente Ejecutivo) perdía casi siempre influencia y la ganaba el partido que ejercía la segunda línea de mando. 0 sea, los trabajadores presionaban sobre la administración ha­ciendo crecer la oposición. En este sentido se vio que cuando el principal ejecutivo era comunista, la votación de los socialistas iba paulatinamente creciendo hasta hacer insostenible la posición del administrador y viceversa ocurría cuando el prin­cipal ejecutivo era socialista.
Puede afirmarse que la vieja táctica de la clase obrera en los países capitalistas de apoyar a aquel partido o alianza de oposición al gobierno que prometa más ventajas o concesiones, se trasladó al interior de las empresas estatizadas provocando continuas crisis de administración y excesos economicistas.
Si un administrador, ya fuera socialista o comunista, trataba de hacer respetar las normas generales impartidas por el gobierno en materia de salarios (por ejemplo: que el costo de los nue­vos contratos colectivos no subiera en un porcentaje superior al alza del costo de la vida), se desataba una campaña de ataques al administrador, para hacer llegar a éste en la posición más débil posible a la mesa de negociaciones. Pero si el administra­dor cedía (y muchas veces cedía demagógicamente), entonces la camparía cesaba y el administrador se convertía en líder y portavoz del conflicto ante las autoridades del gobierno y lógicamente, es­te mismo fenómeno se iba repitiendo en cada nivel superior de de­cisión a los que  iba ascendiendo el conflicto.
Es fácil de evaluar el desgaste de todo tipo que esta forma de resolver los problemas de las empresas provocó al gobierno de la UP.

Obreros y técnicos.- A la carencia de profesionales y técnicos capacitados que simpatizaran con los planes de gobierno, y que caracterizó todo el proceso del sector industrial, se sumó cier­to odio de clases, espontáneo y a todo nivel, que los trabajado­res manifestaron contra los ingenieros y técnicos en su conjunto, A ésta tendencia general, sólo se sustrajeron algunas grandes empresas estatales que ya de antes tenían una tradición de convi­vencia entre los trabajadores manuales y los técnicos e ingenie­ros.
La estatización de empresas de tecnología compleja obligaba al gobierno a tratar por todos los medios de conservar el equipo humano técnico que asegurara su funcionamiento. En las etapas iniciales del proceso (ario 1971 y comienzos de 1972), esto se consiguió en términos generales. Sin embargo, a medida que la lucha ideológica se agudizó, esto se fue haciendo cada vez más  difícil. La reacción, actuando muy hábilmente, logró que en muchos casos a una aplastante mayoría pro estatización entre los obreros, se opusiera un importante sector de empleados, ingenieros y técnicos. Aún en aquellas empresas en que el con­junto de todos los trabajadores propiciaba y decidía, mayoritariamente, el paso al área social, en la cual los técnicos e ingenie­ros adoptaban una actitud neutral y tecnocrática ("si me pagan bien y no me molestan yo sigo colaborando técnicamente"), al poco tiempo surgían serios problemas de convivencia y empezaba el éxo­do de profesionales.
Los trabajadores continuaban viendo en los ingenieros y técnicos, a representantes e intermediarios de los antiguos patrones y a pesar de que, en general, se reconocía lo indispen­sable de sus servicios, se hacía imposible librarlos de la des­confianza y el consiguiente aislamiento. Como contra partida, a-aquellos profesionales que efectivamente se integraban e identifi­caban con el proceso, eran objeto de una verdadera adoración por parte de los trabajadores. Desgraciadamente esos casos fueron excepcionales y parece difícil que esta situación sea diferente en otros países que repitan experiencias similares.
Planes económicos-producción-remuneraciones.- Los trabajadores re­cibían con entusiasmo los planes de producción. El obrero encontra­ba lógico y racional que se previera cuantas toneladas de acero o de petróleo, cuantos metros de telas o  trajes se iban a pro­ducir y que se aseguraran por anticipado las materias primas, los repuestos y las horas-hombres necesarias. Pero cuando el plan exigía limitar los gastos de remuneraciones y no sobrepasar con los reajustes el alza del costo de la vida en el año anterior, eso no se estimaba ni tan lógico ni tan justo y las presiones para burlar los controles consiguieron romper las barreras. Los presupuestos y los planes financieros de cada empresa y sector industrial se hacían basados en determinados niveles de remunera­ciones y pronto la casi totalidad de las empresa» del área so­cial trabajaron a pérdida siendo necesario todos los meses, enviar al Banco Central la lista de los déficit de caja estimados, para que en forma de préstamos se proveyera de los fondos necesarios para el funcionamiento normal  
Se estableció como una norma de las empresas del área social que, por ningún

motivo, jamás podían dejar de pagarse  los sala­rios de una empresa y los

administradores dedicaban una buena parte de su tiempo y energías a recorrer

las oficinas públicas y bancos para asegurar oportunamente los fondos.

 Si bien los déficit del área social fueron una de las causas de la inflación galopante que se desató a partir del segun­do semestre de 1972, no fueron la única causa, pues habría que mencionar a lo menos:  la formación de un gran capital especulativo que se trasladaba sucesivamente hacia los puntos más débiles del sistema (automóviles, repuestos. alimentos, artículos de consumo no perecibles, etc.), la errónea y fuerte devaluación oficial del escudo en Agosto de 1972 que realimentó lasa: alzas y los déficit, la demora en organizar un sistema de distribución estatal de los artículos de primera necesidad y por último, la baja catastrófica del precio del cobre sumada al bloqueo internacional de los cré­ditos que estrangularon  las importaciones.
Así como se pagaban oportunamente las remuneraciones, se em­pezaron a dejar de pagar las demás cuentas y se fue produciendo un endeudamiento progresivo y recíproco entre las mismas empresas estatales, lo que generaba nuevos déficit y nuevos problemas productivos y de abastecimientos.
Es útil dejar registrada la iniciativa de A.A., interventor de una industria que al no poder obtener oportunamente el che­que de los salarios, concurrió a la oficina del Banco Central, con parte del personal de la industria y enfrentándose al funcionario responsable, le dio cinco minutos para entregarle el cheque, bajo la amenaza de.proceder a retirar los es­critorios y dejarlos en la vía pública. Huelga decir que obtu­vo el cheque de inmediato y que si el funcionario hubiese llamado a la policía en su auxilio ésta no habría concurrido,
...En cada sector industrial , un pequeño grupo de empresas - no más de dos o tres en cada sector- se administraban por el sistema de autogestión , lograban en general equilibrar sus presupuestos y no recurrían a los préstamos salvo para las inversiones , pero solo se trataba de empresas pequeñas  que nada agregaban al conjun­to descrito.
Cuando en el curso de una discusión en el seno de una gran em­presa, ya sea porque los trabajadores exigían la remoción injus­tificada del administrador o porque pedían reajustes de sueldos desproporcionados , se les proponía que pasaran a integrar el sis­tema de autogestión que les permitiría nombrar el administrador que quisiesen y fijar el nivel de remuneraciones deseado, pero sin recurrir al estado para cubrir las pérdidas , la respuesta fue siem­pre negativa.
Causal de interminables discusiones fueron las proposiciones para fusionar, trasladar o crear nuevas plantas. Incluso los trabajadores de pequeñas  fábricas antieconómicas y obsoletas se oponían a la fusión de "su" empresa con otra más grande • Exigían que los "derechos adquiridos" o "conquistas sociales" fuesen trans­feridos con los operarios a la planta adoptiva, pero pedían adicionalmente que las conquistas ya existentes en la planta adoptiva se sumaran a las antiguas. Lógicamente, como en la planta que re­cibía a los nuevos operarios no podían haber trabajadores de cla­se A y de clase B con distintos sistemas de regalías y remuneracio­nes, el único sistema aplicable era hacer regir para todo el mun­do tanto las conquistas originales de la planta pequeña, como las de la grande. Generalmente se prefería renunciar a la fusión y dejar las cosas como estaban.
Si por el contrario lo que se proponía era darle independencia a una planta que tenía una producción distinta a la de la antigua empresa y otra ubicación geográfica , para asegurar así un desarro­llo más racional y con finanzas y administración propias , se enta­blaban interminables discusiones sobre las perspectivas de la pro­ducción que se iba a separar y de lo injusto que era privar a la vieja empresa de esos "eventuales excedentes".
Durante los primeros 8 meses de 1973 (antes del golpe militar) se realizaron encuentros de participación en cada industria y en cada sector industrial . Estos encuentros fueron verdaderos congresos en que participaban todos los trabajadores de la industria y esta­ban destinados a hacer un balance integral de la marcha de la empre­sa, a enjuiciar la forma en que se desarrollaba la participación y a discutir el Plan de 1974 cuyas metas y cifras fueron entregadas en el primer semestre de 1973.
Estos encuentros o congresos señalaron el máximo nivel de demo­cracia proletaria pues se realizaban en un clima de absoluta liber­tad y pudiendo intervenir todos los trabajadores de la empresa :los productivos , los de administración y los ingenieros y técnicos. Las deliberaciones empezaban en cada sección o frente productivo, continuaban en comisiones especializadas  en cada tema y culmina­ban en una gran asamblea de delegados en que se votaban una a una las proposiciones surgidas desde la base. Aunque se estableció ex­presamente que los acuerdos de los "encuentros” no podían significar nuevos gastos para la empresa y mucho menos nuevos reajustes de remuneraciones ( que ya habían sido acordados a principio de año o en la fecha del contrato colectivo de cada empresa ) en la gran ma­yoría de estos encuentros se aprobaban tal cantidad de mociones que sin ser un reajuste directo de sueldos eran formas encubiertas de aumentos , que en la práctica significaron nuevos pliegos de peticio­nes.
Para tener una imagen real de lo que ocurría en esos meses es necesario recordar que se sufría una dramática escasez de divisas extranjeras y que faltaban agudamente los suministros básicos para hacer marchar las empresas:  faltaba acero, faltaban fibras natu­rales y artificiales , productos químicos , medios de 'transporte , combustibles , lubricantes , repuestos ,etc, A pesar de los esfuer­zos combinados de los trabajadores , de los activistas políticos , de los administradores y de los funcionarios del sector industrial las empresas vivían al día y un día se paralizaba una sección por un motivo y otra al día siguiente , por otro motivo.
Hay que agregar a este cuadro el sabotaje cínico y abierto de los reaccionarios que ya no se detenían ante nada • Disponían de gente en todos los niveles del gobierno,  tenían» acceso a la do­cumentación oficial y estaban así capacitados para agravar cualquiera situación crítica que se producía .
Huelgas  .- Cuando en 1972 un interventor no pudo evitar que los trabajadores de su empresa se declararan en huelga legal por no aceptar los términos del contrato colectivo que le s proponía el gobierno ,se pegó un tiro......
A medida que pasaron los meses  las huelgas se transformaron en al­go casi tan normal como bajo el antiguo régimen. Había menos huel­gas y de menor duración, pero por la extrema tensión a que estaba sometida la economía , el daño que provocaban era enorme. Hubo varios tipos de huelgas:
La huelga contra los patrones cuando los trabajadores exigían la incorporación de su empresa al área social . Estas huelgas conta­ban con la simpatía de los demás trabajadores y prácticamente siem­pre triunfaron. aun en contra de la opinión de algunos funcionarios y dirigentes políticos.
La huelga de parte del personal de empleados, supervisores e inge­nieros, que se oponían al funcionamiento de la empresa estatizada. Esto dio origen a largos conflictos en que siempre el entusiasmo y la abnegación de los partidarios de la estatización logró poner en marcha la planta y doblegar a los huelguistas.
 La huelga de los trabajadores  que reclamaban aumentos superiores a los
aceptados por el gobierno. Este tipo de huelgas se registró en ca­si todos los sectores industriales y cualquiera que fuera el sec­tor político predominante en los sindicatos» A medida que el proce­so avanzó las huelgas se fueron haciendo más drásticas en sus pro­cedimientos : ocupación de las plantas , bloqueo de caminos públi­cos adyacentes y finalmente secuestro de los ejecutivos y adminis­tradores •
El gobierno estaba inerme ante esos métodos y los funcionarios lo­cales ( intlaentes y gobernadores) que trataban de arreglar los con­flictos entraban en contradicción con las autoridades del Minis­terio del trabajo que tenía la tuición exclusiva sobre esos conflic­tos «Generalmente los ánimos se calmaban después que el Comité" de Huel­ga recorría todas las instancias de los partidos políticos y del gobierno ( a menudo el propio Presidente de la República) y se con­vencía que no podía obtener más cualquiera que fuera la presión ejer­cida. Los daños económicos eran incalculables pues mientras más im­portante la producción de la empresa , mayor era la intensidad del reclamo y la magnitud de las peticiones • Sólo en un punto las autoridades fueron inflexibles : en no pagar los días-de huelga..
Sugestivo es el caso de los 20 operadores de grúas de la plan­ta de acero de Huachipato ( Concepción )• Estos” compañeros" que­daron disconformes con la evaluación que hizo de su trabajo y de la categoría que les asignó una comisión técnica interna de la empresa que clasificó a todo el personal de la planta. Apela­ron y la comisión con participación de los sindicatos reviso sus datos y mediciones e insistió en que estaban correctamente clasificados. Los grueros mantuvieron su exigencia de que se les ascendiera en una categoría y mientras no se les dio se negaron a hacer parte de su trabajo lo que impidió fundir cierto tipo de acero especial que se utiliza en los molinos de las grandes minas de cobre. Como esa producción era crítica se debió auto­rizar su importación desde ...USA. y en los últimos meses de 1972 eso significó un pago al contado de 7 millones de dólares • ¿y por qué no concederles el aumento ? Porque todos los traba­jadores clasificados en esa categoría exigirían el mismo aumento y lógicamente también lo exigirían los de categorías superiores. Entonces el presidente de la empresa (un trabajador ) concedió una categoría de aumento para todo el mundo. Los grueros acepta­ron, pero siguieron su huelga pues si se trataba de un aumento general eso no los satisfacía. El conflicto siguió adelante hasta, el, 11 de Septiembre .De los 20 grueros solo uno era par­tidario de la UP.
Nunca se adoptó ningún tipo de represalia después de un conflic­to y por el contrario , muchas veces  a falta de aumentos el con­flicto terminaba aceptando la remoción del administrador que no había cedido a lo que no podía ceder por ordenes superiores y que a veces , el nuevo administrador concedía , bajo cuerda ,. algunos puntos de aumento para ganarse la buena voluntad del personal en los meses venideros.
Algunas conclusiones »-    La experiencia de Chile durante los años 1971-73 fue un gran repaso de viejas verdades y de viejos errores del movimiento obrero internacional. Tal vez por eso sea lícito destacar, de los pocos hechos reseñados en los  párrafos anteriores, algunas conclusiones, sin que se las haya ilustrado o probado sufi­cientemente.
El proceso chileno , con todas sus limitaciones y particularidades, no hizo sino ratificar que los trabajadores urbanos , la clase más revolucionaria en el proceso , aportan al período de transición lo bueno y lo malo que han adquirido durante el capitalismo. En un país poco desarrollado, al iniciarse el cambio de sistema, lo que pre­dominan son las tendencias economicistas de los trabajadores que se traducen en un continuo y rápido aumento de los ingresos y del con­sumo, que hacen muy difícil sino imposible  la planificación econó­mica.
A los muchos argumentos para que el tránsito al socialismo se haga por via revolucionaria y no por vía reformista, debe destacarse que si las expectativas de retorno al viejo sistema se mantienen, los defectos de las clases populares con respecto al proceso de transi­ción , se ven aumentados, mientras por otro lado , se estimula a las fuerzas reaccionarias en su lucha revanchista.  La mantención de pri­vilegios para los antiguos explotadores no hace sino acentuar la lu­cha de los trabajadores por nuevas conquistas económicas.
Si el poder se ejerce firmemente la dirección política puede co­meter errores en el campo económico y permitirse ciertos excesos en la política de ingresos, pero si el poder no se ejerce con fir­meza pronto la economía domina a la política y destruye las bases del poder popular.
La dictadura del proletariado aparece como indispensable «no solo para doblegar a la burguesía y a las fuerzas reaccionarias na­cionales e internacionales, sino que es indispensable ejercerla so­bre la propia clase trabajadora. La aplicación de la dictadura sobre los trabajadores debe ser fundamentalmente correctiva y educativa.
No hay mejores normas compulsivas hacia los trabajadores que aquellas que surgen del propio seno de la masa y destinadas a co­rregir errores de los cuales la misma masa ha adquirido conciencia.
La existencia de una gran libertad para el pueblo, como la que hubo en Chile, provoca problemas al proceso, pero estos problemas son de índole secundaria y no comprometen la marcha del proceso. Solo las debilidades frente al enemigo de clase son las que provo­caron la derrota.
Si la dictadura la ejerce un partido a nombre de los trabajadores, es necesario que los trabajadores tengan medios de criticar los erro­res de ese partido y de remover a los funcionarios designados por el partido. Sin embargo, la experiencia chilena parece indicar que sí para garantizar la crítica de masas  se establece que la dicta­dura la ejerzan simultáneamente dos o más partidos, lo más pro­bable es que el sistema no funcione y que se debilite el poder pro­letario.
El proceso chileno con sus errores y contradicciones dejó abier­ta la posibilidad de estructurar exitosamente y con los trabajado­res en el poder, formas democráticas de participación en la admi­nistración de las empresas, en la gestión de la economía y en la di­rección política del proceso.

24-1- 1975

Nota: Este articulo es el primero escrito después del golpe del 11 de Setiembre de 1973. Lo escribí a pedido de Bobbye Ortiz quien era editora de la revista en inglés Monthly Review, la que habíamos  publicado con Clodomiro Almeyda en español hasta el año 1969. Bobbye se había convertido en un gran apoyo  moral y económico tanto para el exilio como para la resistencia interior . Se dió el trabajo de traducir este artículo al inglés y enviarme una copia que conservé hasta ahora . Felizmente y a pesar de todos los acontecimientos en el exilio , y la prisión en Argentina , también guardé una copia en original.
Monthly Review no publicó el artículo , tal vez porque no les gustaron las conclusiones al final del artículo .




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